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viernes, 14 de enero de 2011

Rescatar nuestras más puras intenciones



Todas las personas somos, en esencia, autónomas. De acuerdo al Dr. Claude Steitner, en el proceso de educación y formación que van recibiendo de los padres o tutores, así como en los sistemas educativos, la mayoría de los individuos pierden las facultades básicas con las que una persona se consideraría autónoma: la facultad de amar y ser amado, la facultad de ser libre, es decir, ser flexible, alegre y espontáneo y la facultad de pensar por su cuenta y tener su propia percepción del mundo.



Cuando deseamos tener relaciones satisfactorias, ya sea de pareja, de familia o amigos, nos olvidamos de aclarar nuestra más pura intención al querer establecer lazos con otros individuos. A
pesar de que parezca lógico a simple vista, nuestras pretensiones subyacentes en todo tipo de relaciones son amar y sentirnos amados, sentirnos libres de ser nosotros mismos y tener nuestra propia percepción del mundo.

Estas mismas intenciones las puedes encontrar en cualquier tipo de deseo de expansión: tener cierto empleo, construir un negocio propio, formar una familia, tener salud así como un cuerpo hermoso y flexible. Siempre estarán presentes estas intenciones básicas.

Aclarar nuestra intención en cada momento y asunto que vamos a abordar es fundamental para crear el tipo de vida que anhelamos. Cuando no estamos conscientes de nuestras más puras intenciones, es muy probable que nos encontremos pensando o haciendo cosas relacionadas con las intenciones de otros.


¿Por qué las personas se encuentran enganchadas en relaciones que no desean?, ¿por qué están trabajando en un lugar que odian?, ¿por qué siguen teniendo sobrepeso a pesar de seguir dietas eternas durante la mayor parte de su vida?, ¿por qué, a pesar de que cuidan su dinero y buscan ofertas, nunca les alcanza el dinero?

Si no deciden aclarar su intención de pensar por su propia cuenta y desarrollar sus propias creencias, estarán interpretando un drama escrito por alguien más; si no aclaran su intención de amar y sentirse amados, estarán interpretando un drama eterno de infidelidad y desamor y si no aclaran su intención de ser libres, alegres y espontáneos, estarán atrapados en un personaje rígido y predecible.




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Lule Villa.






















































jueves, 4 de noviembre de 2010

Los Estados del Ego

El Dr. Eric Berne, creador del Análisis Transaccional y autor del libro Juegos en que Participamos, señala que los padres, ya sea deliberadamente, ya sea inadvertidamente, enseñan a sus hijos a comportarse, cómo pensar, cómo sentir y cómo percibir. La liberación de semejantes influencias solamente es posible del todo cuando el individuo comienza el camino en un estado autónomo, es decir, recuperando su propia percepción, su capacidad de ser espontáneo y su potencial para la intimidad, porque el individuo siempre posee la capacidad de elegir qué parte de las enseñanzas querrá aceptar.


Esto significa que en el proceso de educación temprana, en la formación básica, es frecuente que las personas sufran la pérdida de alguna o las tres facultades con las que iniciamos en la vida, pero que podemos recuperar en el transcurso de nuestra existencia en este mundo.

Estas tres facultades primarias son: el potencial de intimidad, es decir, la capacidad de dar y recibir amor; el potencial de conocimiento, que es la capacidad de comprender y percibir al mundo y a las demás personas desde la propia perspectiva del individuo, y el potencial de espontaneidad, que es la capacidad de expresión libre y gozosa de manera natural, así como de manejar la propia energía a voluntad.

Para poder funcionar en esta experiencia terrenal, las personas nos identificamos con la persona que somos en este planeta. A esa persona la llamamos yo o ego. De acuerdo al Análisis Transaccional, las personas tenemos tres diferentes estados del ego que se manifiestan como tres diferentes formas de pensar, de sentir y de actuar, y funcionan tanto interna como externamente.


Nos podemos dar cuenta de cómo funcionan internamente cuando percibimos o escuchamos una conversación entre los estados del ego. Podríamos considerar un ego sano cuando esos diálogos abarcan los tres estados, y podríamos considerar un ego enfermo cuando está excluido alguno de ellos.

A veces, nuestro ego se manifiesta como si fuera un padre o una madre. A esta forma de pensar, sentir y actuar del ego, se le llama Estado del Ego Padre. Así, nuestra percepción desde este estado abarca todas las tradiciones y costumbres culturales, las religiones, los valores morales, los cuidados y la protección. Se le considera el concepto aprendido de nuestra personalidad.

Otras veces, nuestro ego se manifiesta como si fuera un adulto. A esta forma de pensar, sentir y actuar del ego se le llama Estado del Ego Adulto. Así, nuestra percepción desde este estado tiene que ver con el aquí y el ahora; percibimos el mundo como es, no como debería ser, no como nos gustaría que fuera. El estado Adulto del ego pregunta para adquirir información y comprender las cosas: ¿por qué? ¿para qué? ¿cómo? ¿de qué manera? ¿cuándo? Son preguntas poderosas que nos ayudan a tomar decisiones. A este estado se le considera el concepto razonado de nuestra personalidad.

Y otras veces, nuestro ego se manifiesta como si fuera un niño. A esta forma de pensar, sentir y actuar del ego se le llama Estado del Ego Niño, y desde ese estado del ego nuestra percepción del mundo tiene que ver con nuestros gustos, nuestra creatividad, nuestros anhelos o nuestra diversión; es decir, es el mismo niño o niña que fuimos alguna vez, ese niño o niña que hacía berrinches, que suplicaba, que se reía a carcajadas, que fantaseaba, que quería ser protegido y amado. Es el concepto sentido de nuestra personalidad.

En nuestra experiencia como seres humanos es importante tener un ego sano, lo que significa poder utilizar sus diferentes manifestaciones, ya sea aceptando una percepción enseñada desde el exterior y con la cual nos sentimos cómodos, ya sea como un adulto presente en el aquí y en el ahora, preguntando y adquiriendo información o como un niño que vive a plenitud sus estados emocionales, es creativo, curioso y feliz.




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Lule Villa

jueves, 29 de abril de 2010

LA PERCEPCIÓN DE TU CUERPO

Todas las personas contamos con dos opciones generales en cuanto a percepción: percibirnos como víctimas o percibirnos como creadores deliberados de nuestra realidad.

Nos percibimos como víctimas cuando sentimos que no tenemos control alguno sobre nuestra realidad, creemos que todos los acontecimientos en nuestra vida suceden sin que nosotros hayamos intervenido absolutamente y que todo sucede de afuera hacia adentro. Respecto de nuestro cuerpo, hemos creído que todo lo que nos gusta nos hace daño -de afuera hacia adentro- y que alguien allá afuera, una autoridad, se tendrá que hacer cargo de mí; me dirá cómo tratar a mi cuerpo, cuáles son los alimentos prohibidos para mí y que si aumenta mi peso corporal, algo malo estoy haciendo.

Nos percibimos como víctimas cuando estamos luchando por no comer, aunque tengamos hambre. Nuestras creencias, reforzadas por los medios de comunicación, autoridades médicas, familia o sociedad, han llegado al extremo de percibir a los alimentos como un peligro. Debemos permanecer alertas, buscar alimentos light, entrar al gym, despreciar nuestra comida común y escudriñar cada uno de los alimentos. Podemos encontrar a algunas personas de este grupo obsesivo pero “saludable” con pensamientos del tipo: “Estoy gordo/a, pero soy responsable”, “Voy a seguir esforzándome y algún día tendré mi peso ideal”, “Soy delgado y mi trabajo me ha costado, ¡qué asco los gordos!”. Su estado vibratorio oscila entre la ira, la indignación, la culpa y hasta la depresión.

Pero en este frenesí obsesivo, hay quienes pierden la batalla. Siguiendo con esa percepción de víctima, se dedican a comer todo tipo de comida, se mueven muy poco y no les importa en absoluto saber qué es lo que se llevan a la boca. Este tipo de personas generalmente tendrán pensamientos del tipo: “Soy gordo/a y qué, ¡no me molestes!”, “Soy un gordo que come como cerdo”. Su estado vibratorio es el mismo que el grupo anterior.

Todos nosotros creamos nuestra realidad a través de nuestros pensamientos, los cuales emiten un tipo de frecuencia que crea o atrae las partículas de energía similares en vibración; estas partículas de energía es la materia que experimentamos con nuestros cinco sentidos.

Cuando nos percibimos como creadores, entonces, sabemos que nuestros pensamientos crean nuestra realidad. Dicha tendencia de pensamientos provocan un estado emocional que nos lleva a moldear nuestro cuerpo deliberadamente. Nuestra relación con la comida es muy importante porque al ser conscientes de lo que comemos, al disfrutar de los alimentos y al conocer sus cualidades nutritivas, establecemos una correlación amorosa y feliz.

Nuestro cuerpo es el efecto directo de nuestros pensamientos. Una relación de aprecio y valoración con nuestro cuerpo es fundamental para crear un molde saludable, armonioso y de belleza. Nuestro cuerpo es mucho más sabio de lo que nosotros creemos. Todo el tiempo está resolviendo situaciones y realizando trasmutaciones cuánticas para elaborar lo que requiere. Y todas las células de tu cuerpo siguen tu tendencia de pensamiento, así que en el momento que decidas cambiar de opinión, cuando decidas cuestionar las creencias populares y observar, cuidar, diseñar tu cuerpo, cambiará tu realidad respecto del mismo.

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